Publicado el 14 de marzo de 2025
Por el equipo técnico de SurShield
Copias de seguridad que sí sirven cuando algo falla
Qué respaldar, cada cuánto y cómo probar que se puede restaurar
Hay una escena que se repite en muchos comercios de Rosario: el disco de la computadora de administración empieza a hacer ruido, alguien comenta "pero tenemos copia en el pendrive", y cuando llega el momento de abrirla aparece un archivo viejo, incompleto o directamente ilegible. Tener una copia no es lo mismo que tener un respaldo útil. La diferencia se nota recién el día que algo se rompe, y ese día no conviene improvisar.
Antes de elegir herramientas conviene hacer una lista corta de lo que realmente no se puede perder. En una pyme típica entran la base de facturación y los comprobantes emitidos, la planilla de stock y precios, los contactos de proveedores y clientes, las carpetas de fotos de productos y los archivos contables que el estudio pide cada mes. No todo pesa lo mismo: si se cae el sistema de facturación un lunes a la mañana, el negocio se detiene; si se pierde una carpeta de fotos viejas, molesta pero no frena la caja. Esa distinción ayuda a decidir qué se copia todos los días y qué alcanza con una copia semanal.
La frecuencia depende del movimiento diario. Un comercio que emite veinte facturas por día necesita respaldo diario, idealmente al cierre. Uno que factura dos veces por semana puede trabajar con copias cada 48 horas sin correr demasiado riesgo. Lo que no funciona es el "cuando me acuerdo": ese criterio garantiza que la copia más reciente sea justo la del día anterior al problema. Programar la tarea en el sistema operativo o en la herramienta de nube, con horario fijo y sin intervención manual, elimina la dependencia de la memoria de quien cierra el local.
Un punto que suele quedar flojo es la separación física. Si la única copia vive en el mismo equipo que se puede romper, robar o infectar, no hay respaldo real. Conviene sostener al menos dos destinos: un disco externo que se guarda fuera del local y una copia en la nube con credenciales propias del negocio, no de la cuenta personal del dueño. Ese detalle parece menor hasta que hay que recuperar accesos y nadie recuerda con qué correo se contrató el servicio.
La prueba de restauración es el paso que casi nadie hace y el que más enseña. Una vez por trimestre, tomá un archivo cualquiera de la copia más reciente y abrilo en otra máquina. No hace falta restaurar todo el sistema: alcanza con verificar que el archivo se abre, que los datos están completos y que la fecha coincide con lo esperado. Si el archivo no abre, si pesa cero o si la última modificación es de hace dos meses, la copia no sirve y hay que revisar la configuración antes del próximo cierre. Esta prueba se puede hacer un martes a la tarde, en veinte minutos, sin cortar la atención al público.
También conviene anotar en un papel o en una nota interna tres datos simples: dónde está cada copia, con qué usuario se accede y cada cuánto se prueba. Cuando el problema ocurre, nadie quiere buscar esa información entre correos. Tenerla a mano reduce el tiempo de recuperación y evita decisiones apuradas, como formatear un equipo que todavía podía rescatarse.
Si querés ordenar este punto en tu comercio, en nuestros servicios revisamos qué respaldás hoy, con qué frecuencia y si esa copia se puede restaurar de verdad. Y si preferís empezar por lo básico, en contacto coordinamos una evaluación inicial sin compromiso.
Este artículo forma parte de la guía de prevención práctica de SurShield para pymes y comercios de Rosario. No incluye instrucciones ofensivas ni técnicas de ataque.